Políticas comerciales de integración regional Uruguay- MERCOSUR

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Perspectivas de un nuevo gobierno, un giro de predecible.

“Las penas y las vaquitas, se van por la misma senda. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”.

Atahualpa Yupanqui, fragmento de la canción “El Arriero Va” (año 1944).

Por: Adrián Larroca Ferrari

A un año del inicio del nuevo gobierno neoliberal uruguayo, y tras 15 años de gobierno ininterrumpido del partido progresista Frente Amplio, ponemos en debate algunos acontecimientos recientes sobre la actuación uruguaya en el concierto internacional, con énfasis en las políticas comerciales internacionales adoptadas hacia el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y su tensa discusión por la flexibilización y la concreción de nuevos acuerdos comerciales.

Promesas de campaña, ¿vuelta a los noventa?

El pasado 1 de marzo, del año 2020 asume un nuevo gobierno en la República Oriental del Uruguay encabezado por el presidente Luis Lacalle Pou, este representante del Estado uruguayo en el bloque regional Mercosur, llega tras haber obtenido la victoria electoral con una coalición republicana e interpartidaria, inédita en la historia política uruguaya.

En dicha coalición se unieron cinco partidos con carácter político-económico neoliberal, ellos son el Partido Colorado (encabezado por Ernesto Talvi, un erudito en finanzas que posee un MBA en la universidad de chicago), Cabildo Abierto (encabezado por el ex Comandante en jefe del Ejército Nacional Guido Manini Ríos), el Partido de la Gente (encabezado por el empresario Edgardo Novik), el Partido Independiente (encabezado por el actual Ministro de Trabajo y Seguridad Social, el abogado Pablo Mieres) y el partido Nacional que lo encabeza el actual presidente, el abogado Luis Lacalle Pou.

 La coalición se arma entonces con el fin de derrotar en las urnas al Partido con carácter político-económico progresista Frente Amplio, que sin alianzas políticas (si tuvo el apoyo de diversos colectivos izquierdistas) intentó defender su cuarto gobierno consecutivo, el cual no pudo retener, pues Lacalle Pou representando a la coalición multicolor resultó victorioso con un 50,79% de los votos, frente a Daniel Martínez del Frente Amplio que obtuviera un 49,21%.

Bajo el mencionado contexto, comienza a trabajar una nueva gestión dentro del Estado uruguayo, a los trece días de su comienzo como coalición multicolor estos cinco partidos sufrieron la irrupción de la pandemia causada por la Covid-19 en todo el territorio nacional, es que el 13 de marzo de dicho año se declaró la emergencia sanitaria en todo el país. 

Sin embargo, la pandemia sanitaria no logró frenar las promesas de campaña del nuevo gobierno, las cuales, y en materia de políticas comerciales internacionales apuntan hacia el aperturismo, para ello apunta a trabajar en un MERCOSUR que logre un mejor funcionamiento y de alcance a nuevos acuerdos comerciales, así mismo busca lograr acuerdos de forma bilateral con terceros países.

La política exterior de este gobierno se proyecta hacia el Pacífico, aproximándose a los países que conforman la Alianza del Pacífico con el fin de profundizar los procesos de desgravación pactados en los Acuerdos de Complementación Económica, a su vez se proyecta en Asia, aprovechando las oportunidades que brinda la irrupción de China y otros actores emergentes en la economía global, abriendo el interés de un posible Tratado de Libre Comercio (TLC China- Mercosur), así mismo este gobierno busca ratificar el acuerdo de Asociación Estratégica con la Unión Europea, quedando de manifiesto que la intención de este nuevo gobierno es  proyectar al Mercosur como un verdadero Regionalismo Abierto.

Esta perspectiva neoliberal de la integración económica (Regionalismo Abierto) produce efectos positivos y negativos: Los positivos se pueden ver cuando los países miembros de la integración (por ejemplo un TLC) son eficientes en la producción de algún bien o servicio ya que exportan hacia los países o mercados ineficientes, ese país va capturar el mercado conjunto, teniendo beneficios arancelarios por sobre terceros países, este tipo de integración es buena para quien captura el mercado y malo para el mercado del país más ineficiente.

En este sentido vemos una clase dominante uruguaya, que tiende a promover a los grandes capitales agroexportadores, esto se sostiene con observar el interés que tiene el gobierno en la apertura de nuevos mercados y la realización de nuevos acuerdos comerciales. La apertura comercial beneficiaria las colocaciones externas del eficiente mercado agroexportador uruguayo (soja, carne, lácteos, madera) sin embargo, expondría a una competencia desigual a todos los mercados pequeños e ineficientes de Uruguay, como la pequeña y mediana industria y los pequeños productores, en este punto el perjuicio es grabe ya que se pueden producir cierres de empresas nacionales, causando desempleo, menor recaudación del Estado y menos inversión social, impactando en el desarrollo productivo y social nacional, en detrimento de un crecimiento económico concentrado en una cierta clase agroexportadora.

A su vez, queremos recordar que la reciente historia del Regionalismo Abierto en la década de 1990 en el Mercosur, trajo una serie de problemas al bloque asociados a la primacía de intereses domésticos sobre los regionales, a las convulsiones financieras de cada Estado miembro, al escepticismo sobre el liderazgo y el verdadero interés de Brasil y Argentina en el proceso de integración causado por las tensiones que crean las ofertas de negociación de actores externos, como Estados Unidos y la UE. Esto puso en evidencia la poca cohesión interna del bloque, la debilidad institucional y política, esto hace que los países comienzan a dudar entre si y comiencen a colocar barreras comerciales unilateralmente, como instrumentos de defensa. Otras consecuencias y debilidades del Regionalismo Abierto, son producto del nacionalismo y la concepción “westfaliana” de preservar soberanía y de este modo mantener un margen de maniobra para los intereses nacionales frente a los vecinos, cubrirse cuando hay asimetrías en tamaño, poder, riqueza. Con este argumento países como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay utilizan su poder de veto bajo el principio de soberanía, defendiendo sus intereses nacionales, lo cual implica mantener su margen de autonomía regional. Por último, una debilidad sumamente presente en el Regionalismo Abierto, fue el llamado “regionalismo disperso”, es decir diversos acuerdos paralelos creados por lo Estados miembros, para reducir el riesgo de acceso a otros mercados. Estos acuerdos debilitan y limitan la cohesión interna del bloque, ya que suponen compromisos normativos o arancelarios contradictorias al Mercosur.

Señales de un giro predecible uruguayo: ¿hacia un Regionalismo Abierto?

En este punto evidenciaremos algunos hechos que ponen de manifiesto la ofensiva negociadora del Estado uruguayo dentro del Mercosur, es que tras la cumbre de presidentes del bloque por el festejo de sus 30 años, Uruguay al igual que Brasil, propusieron la flexibilización y avanzar en las negociaciones con otros bloques como la Unión Europea y países de Asia, esto dará las condiciones necesarias para que saquen al país de la asfixia en la que ha funcionado durante los últimos años, alegando que  la capacidad de colocar productos en importantes mercados internacionales, donde los productos uruguayos no pueden competir en iguales condiciones con otros países y bloques que si tienen acuerdos, ha sido limitante para el crecimiento nacional, adjudicado causalidad a la imposibilidad de concretar acuerdos bilaterales (por ejemplo, China).

 Así mismo el mandatario uruguayo, manifestó el interés en rever el arancel externo común, es decir aplicar una reducción parcial y lineal para todo el universo arancelario, como instrumento clave para negociar posibles nuevos acuerdos con otros países y bloques, por fin Uruguay quiere avanzar en la negociación en transporte y logística.  

Las palabras poco diplomáticas del presidente de Uruguay en la pasada cumbre del Mercosur, enfurecieron al primer mandatario argentino Alberto Fernández, quien replico que la “Argentina no es un lastre de ningún país, y si lo es, que se tomen otro barco”, finalmente y como gobierno uruguayo pretendía el tema flexibilización se colocó sobre la mesa para discutirlo en las próximas reuniones del Mercosur.

De todas maneras, la realidad marca que el bloque esta desarticulado, y hay pocas posibilidades que encaminen a un TLC Mercosur-China, ya que Paraguay tiene relaciones con diplomáticas y comerciales con Taiwán y Argentina junto a Brasil no tienen este tema sobre la agenda a corto plazo ya que son economías diversificadas industrialmente y un acuerdo con China desarticularía muchos sectores de poder, empresarios y clases dominantes al interior de estos Estados. A su vez, Brasil con su política anti-china, está cerrando negocios con países extra bloque y reduciendo el arancel externo común de forma unilateral. A China por su parte, le interesa un acuerdo con Uruguay y se acerca diplomáticamente, ya que para la diplomacia china el primer paso para acercarse a las economías más proteccionistas de Brasil y Argentina es mediante el pequeño país sudamericano, algunos claros ejemplo de ello han sido el Acuerdo de Asociación Estratégica entre los dos países firmado en el año 2016 y el memorando de entendimiento que firma Uruguay  para incorporarse en la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda de China. El interés por el acercamiento de Uruguay con China es netamente comercial y de competencias arancelarias, por ser exportador de productos primarios como carne vacuna, soja, lácteos y sus derivados hacia dicho mercado.

Se discute todo, ¿y en transporte y logística?

El nuevo gobierno uruguayo está muy enfocado en el comercio internacional, a lo que él le concierne está trabajando para incrementar la posibilidad de transformar al puerto de Montevideo en un “Hub” logístico de última generación, siendo un área logística destinada a todas las actividades relacionadas con el transporte, clasificación, expedición y distribución de mercancías para el tránsito nacional e internacional.

Para ello, necesita dragar el canal de acceso al Puerto de Montevideo en el Rio de la Plata,  desde el km 42,4 hasta el km 57 de dicho río, este dragado aumentaría la competitividad del puerto para que ingresen barcos de gran calado. Actualmente el acceso al puerto cuenta con 12 metros de profundidad, pero necesita unos 14 metros de calado para su mejor competitividad. Para poder dragar, se necesita la autorización del organismo binacional (argentino- uruguayo) encargado de aceptar los permisos de dragado, la Comisión Administradora del Rio de la Plata (CARP).

El pasado 25 de marzo de 2021, el gobierno argentino emitió un comunicado ante la CARP, argumentando los motivos por lo cual no autorizan el dragado del puerto un metro más (hasta los 14.mts), alegando entre otras cosas, que aún no están dadas las condiciones para profundizar el Rio de la Plata en 14 metros, que de hacerse incumpliría el Tratado del Rio de la Plata, principalmente en lo que concierne a aspectos técnicos y ambientales, ya que el único proyecto realizado por el Gobierno uruguayo y aceptado por la CARP y el gobierno argentino, es el que suscribe dragar el rio hasta 13 metros. 

Al parecer con voluntad política se podría dragar hasta los 14 metros pretendidos por Uruguay, por lo tanto, el conflicto es netamente comercial entre los dos vecinos miembros del mismo bloque regional Mercosur. Estos países se están enfrentando y colocando barreras en momentos donde el mundo, el comercio y el sistema global requieren de esfuerzos conjuntos para salir de la crisis causada por la Covid-19. A tales efectos, Alberto Fernández, reactivo la agenda del el dragado del canal Magdalena, que hoy tiene 4.5 metro de calado, lo cual le daría al puerto de Buenos Aires una gran competitividad, desde Uruguay la cancillería alega que faltan los permisos ambientales para la realización del dragado del canal Magdalena, violando el  Acuerdo del Rio de la Plata, pero esto también sería solucionable en el corto plazo.

Los esfuerzos del gobierno uruguayo por mejorar el puerto de Montevideo, tiene que ver con la alianza que acaba de realizar el Estado uruguayo a través de su clase dominante neoliberal, con la empresa multinacional belga Katoen Natie operador portuario y proveedor de servicios logísticos internacionales, a la cual  se le extendió el uso  por cincuenta años de la Terminal Cuenca del Plata (TCP) del puerto de Montevideo.  Dicha terminal es una empresa mixta, cuyos capitales corresponden a la  Katoen Natie S.A (80%) y la Administración Nacional de Puertos (20%), esta asociación de un ente público uruguayo con capitales privados se encuentra regulada y amparada bajo el Decreto 137/2001. Dicho decreto, le concede a la empresa belga la administración y operación de la terminal de contenedores del puerto de Montevideo, por el plazo de cincuenta años (a partir de este 2021), mientras tanto la empresa belga invertirá aproximadamente USD 455 millones para ampliar la TCP y aborta la demanda millonaria que tenía en ejecución contra el Estado uruguayo por incumplimientos. Este acuerdo será el motor que impulse a Uruguay para fortalecer la posición estratégica de su principal terminal portuaria, lo que lo convierte a la terminal de contenedores la más eficiente de Sudamérica.

Desafíos del Mercosur: ¿se discutirá el desarrollo regional, la dependencia en la agenda de flexibilización?

Desconocemos con precisión el futuro, pero podemos vislumbrar algunos hechos que deben estar sobre la mesa a la hora de hablar de flexibilización.

El acercamiento del Mercosur a China, debe venir de la mano de políticas regionales que converjan en un aprovechamiento de la oportunidad que brinda la cooperación estratégica con el gigante asiático.

Por lo dicho podemos argumentar que el bloque regional Mercosur se encuentra en un momento oportuno geopolíticamente hablando, para colocar en la agenda la oportunidad que brinda una asociación con China. Esta agenda de discusión al interior del Mercosur, invita a reflexionar las relaciones de dependencia imperialistas que se contraponen y se han contrapuesto a lo largo de los años a los intereses de las sociedades latinoamericanas.

Dicha reflexión debe buscar establecer un acuerdo con China, de modo tal que evite repetir fórmulas de dependencia actuales y del pasado reciente. Es decir, se debe evitar generar una nueva dependencia con China, para ello es necesario debatir en profundidad la dimensión política, económica, social y ambiental de un nuevo tratado, para luego tomar una decisión estratégica que atienda el cumplimiento de los objetivos de los países y la región, como sociedades latinoamericanas. Siendo de orden principal evitar cualquier tipo de acuerdo que se enfoque en la mera flexibilización comercial.

Por lo tanto, es menester que a la hora de trazar un acuerdo con el gigante emergente, se discuta y establezcan pautas al interior del bloque para proteger e impulsar relaciones sociales de producción justas, equitativas y que respeten los derechos de todas y todos los ciudadanos del bloque. Pensar en el crecimiento comercial y económico de cierta clase dominante en cooperación antagónica con grandes los capitales, sin discutir temas como la limitación a la apertura del capital extranjero, y al capital accionario y financiero extra bloque como la financiación chima, sería un grave error para los años futuros, impidiendo el desarrollo regional, generando una nueva dependencia y aumentando las asimetrías económicas, lo que comprometería la brecha socioeconómico de la región en el corto y mediano plazo.

Así mismo, entender que si bien es crucial para Uruguay diversificar sus mercados (por ser un país netamente dependiente de la agroexportación) la discusión de avanzar con un posible TLC Mercosur- China parte de una relación de dependencia, en tal sentido los países del Mercosur exportadores de materias primas (agrícolas, mineras y energéticas) reciben no solo tecnología China, si no que estamos subordinados a la llega de financiamiento y capital de dicho país.

Esto nos obliga a pensar la integración comercial como un bloque unido, para ello se deben superar las disputas al interior de las clases dominantes de los países sobre asociarse o no con China. Esta discusión es parte de los conflictos que tienen en los países del bloque como parte de la disputa global entre capitales estadounidenses y chinos. Es menester que el Mercosur negocie como un bloque sólido, que se reconozca bajo la misma cultura e historia regional, trazando desafíos conjuntos, como un solo grupo, quitando los intereses particulares de cada clase dominante y llevando adelante políticas mancomunadas, eso daría al bloque una solidez que permitirá disminuir las asimetrías y ser el punta pie para las primeras negociaciones con China, en conclusión necesitamos ordenar “la casa” antes de poder salir a negociar un acuerdo de tamaña magnitud y más en tiempos de convulsiones económicas causadas por la pandemia del Coivd-19.

En el caso de Uruguay, aprovechando condicionamientos que tácticamente lo pueden aproximar a China, no debe ver esta relación como idilio, esto obnubila las asimetrías económicas entre los países y la transferencia de valor del país latinoamericano, que de concretarse causarían (entre otras cosas) consecuencias sociales, económicas y ambientales asociadas a la agricultura extensiva e industrial y los monocultivos, el impacto sobre el intenso uso del suelo y la superexplotacion de los trabajadores.

La postura de Uruguay en el MERCOSUR, en estos momentos de convulsión económica mundial, debería ser más integradora, haciendo un llamado a fortalecer el MERCOSUR y no a flexibilizar, la agenda debe estar al servicio de construir un MERCOSUR que dé cuenta de las necesidades de la población, las dificultades en el ámbito de la salud, la integración energética, el desarrollo industrial, agrícola e infraestructura, que complementen las aspiraciones de los socios del bloque siempre con un foco en evitar consecuencias irreversibles en el medio ambiente y en las condiciones laborales, estando ahí la posibilidad de re orientar las propuestas del bloque y de esta manera aprovechar  las posibilidades que nos abre el nuevo mapa geopolítico internacional que está en transición y en disputa hegemónica.

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